Empezad por una situación cotidiana

Antes de instalar aplicaciones, pensad para qué necesita el móvil: ¿avisar al salir del instituto, llamar si pierde el autobús o comunicarse con sus amistades? Guardad juntos los contactos que necesitaría en ese trayecto. Pedidle que os enseñe cómo encontraría un número si tuviera prisa.

Ensayad qué hacer con un mensaje incómodo

Imaginad que alguien le pide una foto o le añade a un grupo desconocido. Acordad a qué adulto acudiría, cómo podría salir del grupo y dónde están las opciones para bloquear o denunciar. Dadle margen para explicar lo ocurrido sin que pedir ayuda se convierta en una amenaza de perder el teléfono.

Un acuerdo que se pueda revisar

Escribid tres decisiones concretas: cuándo se guarda el móvil, dónde se carga por la noche y a quién se pregunta antes de compartir una foto de otra persona. Poned una fecha para volver a hablar. Si al cabo de dos semanas algo resulta difícil, ajustad el acuerdo con un ejemplo real. El decálogo del INCIBE ofrece orientaciones para acompañar esa conversación.

Fuentes